Este es el Blog de la Asociación Criando Juntas. Aquí podrás encontrar información sobre diversos temas relacionados con la maternidad. Si quieres contactar con nosotras, escríbenos a letourkid@gmail.com.
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miércoles, 8 de septiembre de 2010

El primer día de colegio

Todas las madres y los padres que hemos pasado por la experiencia del primer día de cole sabemos que puede ser duro para algunos niños y niñas. Lloran desconsoladamente, se agarran a nuestras faldas, se tiran al suelo. Es normal, les estamos dejando en un lugar desconocido, con personas desconocidas. Se sienten inseguros, perdidos, abandonados, tienen miedo. Cuando mi hijo pequeño empezó a ir al colegio, me causó sorpresa (y risa después) una recomendación que nos hizo una maestra a todos los padres y madres de infantil: "Cuando les llevéis al cole, dadles cariño, pero no mimos". Nos recomendaban indiferencia ante el despliegue de llanto de nuestros hijos, no besarles, no abrazarles, y dejarles llorando en manos de la maestra sin mirar atrás.
No nos parece que esta sea la mejor solución para iniciar un período de adaptación. Una solución mucho mejor sería dejar que los niños entraran con sus madres e iniciasen la exploración del nuevo entorno acompañados por ellas. De esta manera, el niño no se sentiría abandonado en manos de una extraña y un montón de niños que gritan y patalean. Es importante que el niño nos vea hablar amistosamente con la maestra, ya que esta es la única forma en que la puede reconocer como alguien de confianza. La indiferencia ante los sentimientos de los niños no debería afianzarse como una norma, y como madres y padres deberíamos exigir que estos sentimientos sean respetados.
Por tanto, dad cariño y mimos a vuestros hijos e hijas cuando les llevéis al colegio, y haced todo lo posible para que se sientan seguros en ese nuevo entorno.

miércoles, 2 de junio de 2010

¿Los niños como enemigos? La importancia del afecto



En los últimos tiempos prolifera la creencia de que la juventud se está desmadrando porque no se les educa; se habla continuamente de la dejación de funciones de la familia, y de la necesidad cada vez más acuciante de poner límites a los niños y tener mano dura con ellos. Se nos ofrece una imagen del niño como un ser salvaje que necesita ser domado, domesticado, adiestrado. Se fomenta la creencia de que los niños se malcrían si les damos un exceso de cariño (como si hubiese una medida que indicase hasta dónde el cariño es adecuado). En el colegio, nos dicen a las madres de los niños y niñas de infantil que no les mimemos, que no atendamos a sus llantos cuando tienen que ir por primera vez al colegio, que no les hagamos caso.
Sin embargo, si acudimos a la literatura científica sobre el tema, nos dicen cosas muy diferentes. Hay dos conceptos básicos relacionados con el desarrollo de la afectividad y la adaptación psicológica que son el concepto de apego y el concepto de resiliencia. Los niños y niñas que muestran una mayor adaptación psicológica a su entorno social son aquello que han desarrollado un apego seguro con al menos uno de sus cuidadores. El apego seguro consiste en el desarrollo de un vínculo de amor con un cuidador básico que permite al niño explorar su entorno sin miedo a las agresiones externas. Cuando un niño ha sido abrazado, besado, mimado, se han atendido sus necesidades básicas y emocionales cuando lo ha necesitado, se le han ofrecido apoyos para explorar su entorno sin correr riesgos, entonces es más probable que haya desarrollado este tipo de apego, y es menos probable que presente conductas desadaptadas en la adolescencia.
Por otra parte, el concepto de resiliencia hace refencia a la resistencia y la capacidad de una persona para superar los infortunios a lo largo de la vida. Se ha comprobado que, entre las víctimas de los grandes desastres humanitarios, como por ejemplo las guerras, hay personas que son capaces de superar psicológicamente sus desgracias y rehacer felizmente sus vidas, mientras que otras pasan años atormentadas sin ser capaces de sobrellevar el peso de sus experiencias pasadas. La diferencia fundamental entre estos dos tipos de personas es que las primeras habían desarrollado, antes de las desgracias, una personalidad resiliente a partir de los apoyos afectivos recibidos durante su infancia. Las personas que han sido criadas con apego, con cariño, que han tenido una autoestima alta gracias al apoyo afectivo de sus allegados, tienen muchas más probabilidades de superar los obstáculos que pone la vida y, en definitiva, de ser felices.
Por lo tanto, desconfiad del discurso actual sobre la educación que solo hace hincapié en las normas y los límites que tenemos que imponer a nuestros hijos. El amor y el afecto son los ingredientes fundamentales de la educación. La mayor parte de los desajustes se producen por una carencia de los mismos. Una vez hayamos solucionado este aspecto, las normas y los límites caen en terreno abonado.